Autoestima

Autoestima no es pensar que eres increíble

Es poder equivocarte sin dejar de tratarte con respeto. Que suena mucho menos épico y es infinitamente más útil.

La idea de que la autoestima consiste en tener buena opinión de uno mismo ha hecho bastante daño. Con esa definición, cualquier día malo se convierte en un fracaso adicional: ahora no solo te ha salido mal algo, también «tienes la autoestima baja».

Por qué las frases bonitas no funcionan

Repetirte «soy suficiente» cuando no te lo crees produce un choque interno inmediato: una parte de ti responde con la lista de pruebas en contra. El cerebro atiende más a lo que le resulta creíble que a lo que le resulta agradable.

Por eso las afirmaciones exageradas suelen dejar peor sabor. Lo que sí se sostiene son frases justas: «esto me ha salido mal y no significa que sea un desastre».

Autoestima es cómo te tratas, no cómo te describes

Presta atención a lo que ocurre cinco segundos después de un error tuyo. Ahí está tu autoestima real: en el tono, en las palabras, en si te das margen o te castigas.

Muchas personas que se describen como inseguras, en realidad, son simplemente muy duras consigo mismas. Y la dureza no se corrige con elogios: se corrige cambiando la forma en que te hablas cuando fallas.

Qué sí ayuda

Observar antes de cambiar. Durante una semana, anota qué te dices cuando algo no sale. Solo observarlo ya introduce distancia.

Reescribir con justicia, no con dulzura. Coge una de esas frases y formúlala como se la dirías a alguien a quien quieres. No más blanda: más precisa.

Acumular hechos. Apunta cada día una cosa que hiciste, aunque sea pequeña e imperfecta. La autoestima se alimenta más de acciones que de afirmaciones.

Separar lo que haces de lo que eres. Un resultado malo es información sobre un resultado, no sobre tu valor.

Cuando viene de más atrás

A veces la autocrítica no la aprendiste por tu cuenta: la escuchaste durante años y se te quedó en la voz. En esos casos no basta con técnicas de registro. Hay que mirar de dónde viene esa exigencia, a quién pertenecía originalmente y qué función cumplió en su momento.

Ese trabajo se hace mejor acompañado, sin prisa y sin tener que justificar por qué te afecta.

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